Versículo de la Palabra de Dios

VERSÍCULO DE LA PALABRA DE DIOS:
"A los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" Jn 1, 12
La identidad del cristiano: SOY HIJO DE DIOS

"Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer." (Jn 15, 15)
Otro rasgo del cristiano: SOY AMIGO DE CRISTO

"Justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;" (Rm 5, 1) Un tercer rasgo del cristiano: HE SIDO JUSTIFICADO

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Faustino de Jesús
Zamora Vargas
Me viene a la mente aquel cálido domingo de enero en que le entregué mi vida al Señor. Me sentía tan vacío, tan sucio de los destrozos causados por mi vida pecadora, que jamás imaginé que hubiera Dios que me perdonara. La vergüenza me atormentaba, mi orgullo se desmoronaba en Su presencia y las lágrimas contenidas por mi falsa y confusa apreciación de la necesidad, nublaban mi visión y bañaban mi interior. Tenía por delante la más difícil de las tareas, la más difícil: confesar mis pecados, arrepentirme sinceramente y sentir la certeza de la disposición de Dios de perdonarme. ¿Podía ser posible? ¿Volvería a sentir paz en mi corazón y… ser feliz?
Hace años escribí en mi testimonio personal: Y el Señor se me apareció sin esperarlo. Me sacudió de un soplo el fundamento de un pedestal que yo había edificado en un terreno pantanoso, peligroso, movedizo e infértil…y una de las tantas madrugadas sin ojos en que morí por aquellos días, me tomó en sus brazos y pude decirle una oración desesperada, quebrantada, esperanzada y húmeda…
Aquella oración de una madrugada “sin ojos” porque el insomnio me consumía, fue mi confesión, la primera confesión rotunda de mis pecados con sus nombres y apellidos. Mi espíritu se desparramó en mil gemidos clamando por perdón. Fue un aullido de arrepentimientos.
La respuesta me vino una hora más tarde de haberle dicho al Señor: ¡sí, te necesito Jesús! La luz del Señor me cegó y me derrumbó – como cegó a Saulo de camino a Damasco –. Fue una potente luz de paz y dicha infinita que no alcanzaba a comprender. El sentimiento de restauración, el fin de los suplicios encarnados en el pecado, comenzaba a recomponer una afanosa y contaminada existencia, a convertir mi lamento en gozo.
Hermano y hermana que lees esta reflexión, este es el tema recurrente en los Salmos llamados penitenciales porque son cánticos de confesión de pecados y de promesas de restauración y perdón de parte de Dios. Son los Salmos 6, 14, 31, 32, 38, 41, 51, 102, 130 y 143. Ellos nos recuerdan lo vulnerables que somos y lo fácil que es interrumpir nuestra relación con Dios a causa de la desobediencia. También es el tema recurrente en tu vida y en la mía. El pecado no confesado nos arrebata el gozo, nos lleva una y otra vez a enfrentar la aflicción, a sumergirnos en la tristeza, a sentirnos desgraciados. Tú y yo podemos tener una experiencia gozosa si le entregamos a Él nuestra transgresión, nuestra iniquidad, el pecado que está ahora delante de nuestras vidas y nos quita la alegría del Señor. Dios hizo un pacto irreversible con nosotros al enviar a Cristo a morir en la cruz y cargar con todos los pecados del mundo para que hoy su gracia fuera abundante. Él es perdonador por naturaleza, misericordioso en su esencia y quiere enseñarnos las sendas por donde debemos andar para no pecar. Somos bienaventurados al sentirnos perdonados.
Si la carga del pecado no confesado a Dios -sólo a Él- te atormenta; si el gozo que solías mostrar como testimonio de una vida agradable y plena en Cristo ya no te acompaña, rinde tu corazón una vez más a tu Señor, dile lo que sientes; dile como lo hizo David: Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado (Salmo 32:5).
Si no conoces al Señor, ¡qué hermosa oportunidad para ponerte a cuentas con tu creador!: no necesitas velas, ni flores, ni estandartes extraños, ni inciensos aromáticos, ni piedrecitas de sortilegios. ¡Sólo tu corazón! El Señor lo conoce, quiere que se lo entregues, pues al fin y al cabo de Él es. Cuando confiesas tu pecado y te arrepientes, la luz del Cristo indulgente te inundará de perdón, experimentarás el gozo de la salvación y ya no serás más esclavo y cautivo de la maldad; tu vida encontrará perspectiva y verdadero rumbo y el Señor de la clemencia te dejará ver su gloria. La dicha de una vida perdonada es el más puro bálsamo que trae gozo y paz al corazón. ¡Dios te bendiga!
Para profundizar en la reflexión: La dicha de una vida perdonada, sermón de Dr. Roberto Miranda.
Acerca del Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas nació en Manzanillo, provincia Granma y vive en La Habana, Cuba, en la barriada de Santos Suárez, municipio “Diez de Octubre”. Cursó estudios superiores en la Universidad de Humboldt de Berlín y en la Universidad de La Habana. Es Licenciado en Lengua y Literatura Alemanas. Trabajó como traductor e intérprete bilingüe (alemán-español-alemán) por más de 10 años. Fue agregado diplomático para asuntos culturales de Cuba en Viena, Austria, a mediados de los años 80 con acreditación diplomática en la sede de Naciones Unidas en Viena. Posee estudios superiores de marketing y de planificación estratégica, lo que le permitió trabajar 9 años como Ejecutivo de Publicidad en una Agencia de Marketing y Publicidad de La Habana (Agencia Publicitaria Coral, de la empresa turística Cubanacán S.A, hoy Grupo Cubanacán) y más recientemente en el sector hotelero de la compañía turística Habaguanex S.A. en la Habana Vieja. Es casado con Rosa M. García Klibansky y tiene dos hijos, Lester, 31 y Leandros, 19.

Faustino escribe: "Conocí al Señor en el 2004 y desde entonces ya no vivo yo…sino Cristo en mí. Decidí justo unos 6 meses atrás dejar la comodidad y la inercia del trabajo secular para dedicarme a trabajar para el Señor, mi razón de ser y mi gran pasión. Mi vida es servirle en todo lo que puedo, física e intelectualmente. Soy miembro del equipo ministerial de la Iglesia Bautista de Santos Suárez “M.N.McCall” y me desempeño como Líder del Ministerio de Comunicación. Soy maestro de Escuela Dominical y miembro del Ministerio de Prisiones. Dirijo con mi esposa una de las 43 Casas Culto de nuestra iglesia en la comunidad de Santos Suárez. ¿Mi pasión? La Palabra de Dios y la teología en su acepción más amplia, es decir conocer cada día más a Dios y a su hijo Jesucristo."

martes, 28 de julio de 2015

Qué dice la Biblia de sí misma

¿Qué es lo que dice la Biblia acerca de si misma?


Cuando uno lee el Salmo 119 cuidadosamente, lo primero que se observa es la cantidad de símbolos extraños por todo el capítulo. ¿Se ha preguntado que serán? Son las letras del alfabeto hebreo, organizados en orden; en veintidós secciones de ocho líneas cada uno. 
Si usted mira un salmo en una Biblia hebrea, vería que cada línea en las veintidós secciones empieza con la respetiva letra hebrea del alfabeto. La primera sección empieza con la primera letra del alfabeto hebreo, y la segunda sección con la segunda letra y así sucesivamente.  Este patrón continúa por el salmo hasta que todas las veintidós letras del alfabeto hebreo han sido usadas en orden.
El Salmo 119 es uno de los varios salmos que sigue una acróstica o arreglo alfabético (cp. Salmo 9, 10, 25, 34, 37, 111, 112, 145). El arreglo no fue diseñado para describir el pensamiento del salmo, pero fue elaborado como un dispositivo para ayudar en la memorización del salmo.
Mientras que lea el texto, tome nota de estos temas recurrentes. Ocho palabras diferentes se repiten por el salmo que se refieren a la Escritura: ley, testimonios, preceptos, estatutos, mandamientos, juicios, palabras, y ordenanzas, (como tengo amigos católico-romanos estos los 8 sinónimos según la versión litúrgica de la Biblia: preceptos, decretos, mandatos, mandamientos, palabras, consignas, leyes, voluntad). Casi cada versículo en el salmo contiene uno o más de estos términos, haciendo el Salmo 119 un grupo de términos para la Palabra de Dios.
 Aquí hay un ejemplo de la afirmación que el Salmo 119 hace de la Escritura:
• La Palabra de Dios refleja el carácter de Dios. Note los atributos de Dios atribuidos a la Escritura:
o 1. Justa (vv. 7, 62, 75, 106, 123 138, 144, 160, 164, 172)
o 2. Confiable (v. 42)
o 3. Verdadera (vv. 43, 142, 151, 160)
o 4. Fiel (v. 86)
o 5. Inmutable (v. 89)
o 6. Eterna (vv. 90, 152)
o 7. Luz (v. 105)
o 8. Pura (v. 140)

• La mejor forma en que usted puede obtener consejo espiritual es por medio de la aplicación de la Palabra de Dios por el Espíritu de Dios a su corazón (cp. vv. 98-100). 
• La Palabra de Dios provee la luz que necesita en su camino para no tambalear (v. 105). 
• Así como la plata que ha sido refinada siete veces (cp. Sal. 12:6), la Palabra es pura, inerrante en todo lo que dice (v. 140).
• La Escritura claramente revela el camino a la salvación (v. 155). 
Cuando usted lee a través del Salmo 119, usted pronto podrá darse cuenta, que no es un tratado seco. De hecho, es enteramente un salmo de oración a Dios desde el corazón, ejercido por el pecado e iluminado por gracia para poder amar a Dios y Su Palabra. Al seguir el ejemplo de la oración del salmista, usted puede aprender correctamente cómo responder a la Palabra de Dios:
• La oración suprema que el salmista hizo es una confesión de su insuficiencia y la suficiencia de Dios (cp. vv. 18, 98, 99, 105, 130).
• El salmista deseaba con toda pasión obedecer la Palabra de Dios (cp. vv. 4, 8, 30, 32, 44, 45, 51, 55, 57, 59-61, 63, 67, 68, 74, 83, 87, 101, 102, 106, 110, 112, 129, 141, 157, 167, 168).
• El salmista pidió ayuda para volver de las actividades vanas y desear las cosas que tienen valor, incluyendo la Palabra de Dios (cp. vv. 14, 72, 127).
Confiamos que usted será bendecido por este alfabeto de alabanza por la Palabra de Dios. Pero si el pecado le quita su apetito por la Palabra de Dios, asegúrese de unir su voz con el salmista en la oración que él ofreció en la estrofa de Salmo 119:
Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; dame entendimiento conforme a tu palabra. Llegue mi oración delante de ti; líbrame conforme a tu dicho. Mis labios rebosarán alabanza cuando me enseñes tus estatutos. Hablará mi lengua tus dichos, porque todos tus mandamientos son justicia. Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido. He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia. Viva mi alma y te alabe, y tus juicios me ayuden. Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos (vv. 169-176).

domingo, 12 de julio de 2015

Pregunta: "¿Qué dice la Biblia acerca del matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo?"

Respuesta:
Aunque la Biblia habla del tema de la homosexualidad, no menciona explícitamente el matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, es evidente que la Biblia condena la homosexualidad como un pecado inmoral y antinatural. Levítico 18:22 identifica el sexo homosexual como una abominación, un pecado detestable. Romanos 1:26 declara que los deseos y acciones homosexuales son vergonzosos, no naturales, lujuriosos e indecentes. La Primera Carta a los Corintios 6:9 afirma que los homosexuales son injustos y no heredarán el reino de Dios. Puesto que ambos los deseos y acciones homosexuales son condenados en la Biblia, es evidente que los homosexuales "casándose" no es la voluntad de Dios, y sería, de hecho, pecaminoso.

Cuando la Biblia menciona el matrimonio, es entre un hombre y una mujer. La primera mención del matrimonio, Génesis 2:24, lo describe como un hombre dejando a sus padres, y uniéndose a su esposa. En pasajes que contienen instrucciones sobre el matrimonio, como por ejemplo, 1 Corintios 7:2-16 y Efesios 5:23-33, la Biblia identifica claramente el matrimonio entre un hombre y una mujer. Bíblicamente hablando, el matrimonio es la unión de por vida de un hombre y una mujer, principalmente con la finalidad de crear una familia y proporcionar un entorno estable para la familia.

La Biblia, sin embargo, no tiene que ser utilizada únicamente para demostrar este entendimiento del matrimonio. La definición bíblica del matrimonio ha sido la comprensión universal del matrimonio en toda civilización humana en la historia del mundo. La historia argumenta en contra de los matrimonios gay. La psicología secular moderna reconoce que los hombres y las mujeres son psicológicamente y emocionalmente diseñados para complementar el uno al otro. Por lo que se refiere a la familia, los psicólogos sostienen que la unión entre un hombre y una mujer en la que ambos cónyuges son buenos modelos de papeles de género es el mejor ambiente en el que criar a niños equilibrados y bien ajustados. La psicología argumenta en contra de los matrimonios gay. En la naturaleza, es decir, el aspecto físico, claramente, los hombres y las mujeres fueron diseñados para "encajar" sexualmente. Con el propósito "natural" de la relación sexual siendo la procreación, está claro que sólo una relación sexual entre un hombre y una mujer puede cumplir con este propósito. La naturaleza argumenta en contra de los matrimonios homosexuales.

Por lo tanto, si la Biblia, la historia, la psicología, y la naturaleza argumentan para el matrimonio entre un hombre y una mujer, ¿por qué hay tanta controversia hoy en día? ¿Por qué son etiquetados como fanáticos intolerantes y odiosos los que se oponen al matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo, no importa cuán respetuosamente se presente la oposición? ¿Por qué los del movimiento por los derechos gay están exigiendo tan agresivamente para el matrimonio homosexual, cuando la mayoría de las personas, religiosas y no religiosas, apoyan, o al menos son mucho menos opuestos, a que las parejas homosexuales tengan los mismos derechos legales que las parejas casadas con alguna forma de unión civil?

La respuesta, según la Biblia, es que todo el mundo sabe inherentemente que la homosexualidad es inmoral y antinatural, y la única manera de acabar con este conocimiento es por normalizar la homosexualidad, y atacar cualquier y toda oposición a ella. La mejor manera de normalizar la homosexualidad es colocando el matrimonio entre personas del mismo sexo en un plano de igualdad con el matrimonio tradicional de género opuesto. Romanos 1:18 ilustra esto. La verdad es conocida porque Dios la ha dejado clara. La verdad es rechazada y sustituida por una mentira. La mentira es promovida y la verdad reprimida y atacada. La vehemencia y la ira expresadas por muchos en el movimiento de los derechos de los homosexuales a cualquier persona que se opone a ellos es, en efecto, una indicación de que saben que su posición es indefendible. Tratando de superar una posición débil por levantar la voz es el truco más antiguo en el debate. Tal vez no haya descripción más exacta del programa moderno de los derechos gay que la que vemos en Romanos 1:31; ”son desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia."

Dar sanción al matrimonio homosexual sería dar aprobación para el estilo de vida homosexual, que la Biblia condena clara y consistentemente como pecaminoso. Los cristianos deben oponerse con firmeza a la idea del matrimonio gay o matrimonio de personas del mismo sexo. Además, hay argumentos fuertes y lógicos contra el matrimonio homosexual dentro de contextos completamente separados de la Biblia. Uno no tiene que ser un cristiano evangélico para reconocer que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.

Según la Biblia, el matrimonio es ordenado por Dios a ser entre un hombre y una mujer (Génesis 2:21-24; Mateo 19:4-6). El matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo es una perversión de la institución del matrimonio y una ofensa al Dios que creó el matrimonio. Como cristianos, no debemos tolerar o ignorar el pecado. Más bien, debemos compartir el amor de Dios y el perdón de los pecados que está a disposición de todos, incluidos los homosexuales, a través de Jesucristo. Hemos de hablar la verdad en amor (Efesios 4:15) y defender la verdad con "mansedumbre y reverencia" (1 Pedro 3:15). Como cristianos, cuando defendemos la verdad y el resultado es ataques personales, insultos, y persecución, debemos recordar las palabras de Jesús: "Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece." (Juan 15:18-19).