Versículo de la Palabra de Dios

VERSÍCULO DE LA PALABRA DE DIOS:
"A los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" Jn 1, 12
La identidad del cristiano: SOY HIJO DE DIOS

"Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer." (Jn 15, 15)
Otro rasgo del cristiano: SOY AMIGO DE CRISTO

"Justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;" (Rm 5, 1) Un tercer rasgo del cristiano: HE SIDO JUSTIFICADO

martes, 23 de agosto de 2011

EL PECADO


por J. C. Ryle. 

El pecado es trasgresión de la ley (1ª Juan 3:4)                                                                        


I – Definición de pecado.
Como se declara en uno de nuestros artículos doctrinales, el pecado  "es la culpa y corrupción de la naturaleza de cada hombre que desciende de Adán; y por la cual el hombre está muy lejos de la justicia original, y por propia naturaleza está inclinado al mal; de manera que la carne lucha continuamente contra el espíritu; por consiguiente, y en toda persona nacida en este mundo, el pecado merece la ira y condenación de Dios". El pecado es, pues, aquel mal tan común y universal que aflige a toda la raza humana, sin distinción de rango, clase, nombre, nación, pueblo o lengua; es un mal del que sólo se libró un hombre: el Señor Jesús. Además, y de una manera más particular, el pecado consiste en hacer, decir, pensar o imaginar, cualquier cosa que no está en perfecta conformidad con la ley y mente de Dios. Como dice la  Escritura: "El pecado es la trasgresión de la ley". El más insignificante alejamiento (externo o interno) por nuestra parte de la voluntad revelada de Dios, constituye pecado y nos hace, por consiguiente, culpables delante de Dios. A los que con atención leen la Biblia no es necesario que les diga que aunque una persona no cometa abierta y externamente un acto malo, en su corazón y en su mente puede haber traspasado la ley de Dios. En el Sermón del Monte el Señor Jesús estableció, sin dar lugar a dudas, esta posibilidad (Mateo 5:21-28). Con gran acierto ha dicho uno de nuestros poetas: "Un hombre puede sonreír y sonreír, y aún así ser un villano". Tampoco es necesario que haga observar al estudiante diligente del Nuevo Testamento, que hay no sólo pecados de acción, sino también pecados de omisión; y que a menudo pecamos por "haber hecho las cosas que no debíamos haber hecho", como pecamos también por "no haber hecho las cosas que debíamos haber hecho". Esto bien claramente se prueba por aquellas palabras del Maestro que encontramos en el evangelio según San Mateo: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno; porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber" (Mateo 25:41-42). Pero particularmente en los tiempos en que vivimos, creo que es necesario recordar a mis lectores que una persona puede cometer pecado, y aunque sea tan ignorante del mismo que se imagine inocente, no por ello deja de ser culpable. No puedo encontrar la sanción bíblica a la aserción moderna de que "el pecado no es pecado, a menos que seamos conscientes del mismo". La Palabra de Dios nos enseña todo lo contrario; en los capítulos 4 y 5 del libro del Levítico (por cierto tan descuidado) y en el 15 de Números, encontramos que de una manera clara se enseña a Israel que había pecados de ignorancia que dejaban al pueblo en una condición impura y un necesidad de sacrificios expiatorios. Y según las palabras tan evidentes del Señor Jesús, al siervo que "no entendió e hizo cosas dignas de azotes", no se le excusó a causa de su ignorancia, sino que fue "azotado" o castigado (Lucas 12:48). Un buen estudio del libro de Levítico nos puede ayudar mucho en este aspecto.